Costa Rica: perspectivas económicas para este 2023
Foto de cortesía.

La recuperación económica del año 2022 de los sectores comerciales y de servicios le dio punto final a lo que podríamos llamar las consecuencias económicas drásticas del período más crudo de la pandemia de la covid-19. Costa Rica, al igual que la gran mayoría de países occidentales, dieron un claro giró en las restricciones sanitarias y apostaron por la recuperación económica dejando un tanto aislados a quiénes aún pensaban era temprano para la apertura total de las restricciones. Con la llegada en mayo del nuevo Gobierno, las reformas fueron directamente al ámbito sanitario y los indicadores de empleo y de dinámica productiva se han manifestado con una importante recuperación de la normalidad.

La recuperación de las actividades turísticas, las señales comerciales del fin de año y las actividades de recreación y eventos públicos hablan por sí solos, estamos retornando a una realidad que se asemeja a lo vivido en el período previo a la pandemia. Además, la recuperación de las libertades de movimiento e interacción social dieron alivio sustantivo a una sociedad cansada y estresada en demasía ante la pandemia de salud pública, no sin temores y angustias nuevas, sobre todo por las consecuencias económicas en endeudamiento y disminución de ingresos que aún se cargan sobre las empresas y familias.

El alivio sanitario vino de la mano con una pandemia nueva, la oleada de incremento de precios de los productos de consumo básico y de los derivados del petróleo, que afectaron fuertemente el comportamiento de los precios internos, llevándonos a cifras de dos dígitos inflacionarios, algo ya casi olvidado en la mente de los costarricenses. La canasta como tal aún existen presiones básicas y algunos de los alimentos y bienes de mayor sensibilidad crecieron muy por encima de la media inflacionaria, afectando de manera significativa los ingresos de los sectores medios y bajos de la población. Los costos de producción de varios ecosistemas agroindustriales fueron drásticamente afectados y aún persisten inventarios y niveles de precios altos que podrían postergar la espiral inflacionaria unos meses más. Por el lado de los hidrocarburos, la extensión de las condiciones de guerra en Europa y sus efectos podrían mantener muy volátil y sensible los mercados, por lo que aún es poco previsible una salida y tendencia a la normalidad de los mercados. Así las cosas, las condiciones de vulnerabilidad global se miran en negativo con una fuerte presión recesiva en las mayores economías globales.

La situación local de los mercados financieros ha sido claramente afectada por la política antiinflacionaria del Banco Central que ha impulsado a una fuerte alza de las tasas de interés en respuesta a los aumentos de las tasas globales, tanto en Estados Unidos como Europa, lo que ha llevado a una menor liquidez y un golpe fuerte al bolsillo de los deudores en moneda local y dolarizados. Los efectos de este aumento en las tasas de interés permanecerán en este primer semestre del 2023 y serán sin duda uno de los puntos críticos de la previsión macroeconómica del año. Tanto el flujo de efectivo de las empresas como el ingreso disponible de las familias se verán afectados significativamente por las mayores cuotas y las alzas en las tasas de interés. Resultado de lo anterior habrá menor inversión y una reducción de las posibilidades de crecimiento económico y de empleos.

En materia cambiaria, la situación abrupta del 2021 nos ha dejado claro que, de no tener una salida masiva de recursos de los fondos de pensión, no existen condiciones para una devaluación sustantiva a corto plazo. Por el contrario, la presión hacía la apreciación del colón ha sido la tónica en los últimos meses, pasando desde el pico de 700 a situarse en 600 colones por dólar en promedio. Es de esperar que tengamos un primer semestre tranquilo en este ámbito y que conforme se corrijan las variables monetarias, se continúe con alguna tendencia al alza, pero de forma relativamente controlada hacía la segunda mitad del año.

La preocupación principal de parte de las autoridades estará en la persistente y crítica situación del mercado laboral que sigue teniendo una tasa ampliada desempleo cercana al 12 por ciento, misma que representa un lastre en las aspiraciones de los jóvenes, de las mujeres y de algunos segmentos rurales regionales, dónde se están dando condiciones muy desfavorables.

Las cifras de desigualdad y de pérdida de ingresos por amplios segmentos de la población agita las condiciones de vulnerabilidad ya existentes u aumentadas por la pandemia de la covid-19. Es predecible una mayor vulnerabilidad en aspectos de seguridad ciudadana, caídas en los indicadores de pobreza y pobreza extrema y en general un mayor malestar social. Pareciera entonces que el delicado estado de la economía durante este 2023 provocará la necesidad de tejer con mucho cuidado los mecanismos de protección y resiliencia social, de cara a no llegar a extremos de insostenibilidad en los mismos.

Caminamos por senderos difíciles en lo económico durante este 2023, acelerar los procesos de inversión en infraestructura, fortalecer los mecanismos que reduzcan las trabas al emprendimiento e innovación, garantizar mejores condiciones que impulsen un trabajo formal y decente, así como, mantener la disciplina fiscal y la estabilidad macroeconómica son temas que en definitiva colaborarán para lograr pasar a salvo este ciclo recesivo global. Seguir promocionando la inversión en turismo y fortaleciendo la imagen país en medio ambiente serán claves para atraer los recursos que tan urgentemente requerimos a las regiones de menor desarrollo relativo.