El CIDEA en el 50 aniversario de la UNA
Foto de cortesía

Desde su fundación, la Universidad Nacional fue concebida como una instancia necesaria, indispensable para el desarrollo del país, como un agente de cambio activo en la vida cotidiana de la sociedad.  De esa forma, se concibió el CIDEA desde el inicio: como un espacio que irradiara creatividad artística hacia todo el ámbito universitario, y a todo el país.

El arte es una forma de percepción del mundo y de las relaciones humanas; es una forma de cognición sensible, de comunicación crítica, de vínculo emocional y de construcción del propio ser; algo muy por encima de una simple mercancía. Y no es puramente una técnica para que el artista haga su obra; el arte cobra su cabal razón de ser cuando se produce un vínculo estético entre la obra y su público, que es quien crea su propio sentido.  O sea, que el arte no es cosa de artistas, sino de todo el mundo, para todo el mundo.

Quienes hemos colaborado en el CIDEA, ya sea en el trabajo académico, artístico, técnico o administrativo, y desde los enfoques diversos de cada uno, hemos buscado aportar a esta razón de ser del ámbito artístico en el conjunto de nuestra Universidad. Con más o menos éxitos, y en condiciones más o menos favorables, lo hemos hecho creyendo en la importancia del desarrollo artístico de nuestra sociedad.

 

Y gracias a ello, el CIDEA se ha configurado como una entidad con múltiples posibilidades para incidir en el desarrollo social de la cultura nacional, lo cual le otorga tanto méritos como responsabilidades. De su rica experiencia debe emanar la energía para enfrentar la complejidad de la realidad actual.

Estos tiempos son especialmente difíciles. La pandemia de la que apenas estamos saliendo ha golpeado de muchas formas al país, dejando un saldo de heridas en la economía, en la educación y en la vida misma. Además, una crisis económica de magnitud incalculable gravita sobre el mundo. Las guerras alrededor del planeta, las oleadas de migrantes, la miseria generalizada, el acelerado deterioro del clima, el crimen y la corrupción globalizados, pesan de manera decisiva en las relaciones humanas, y es en este contexto que trabajamos y vivimos, con los seres humanos y para los seres humanos que estas condiciones producen.

Y como si esto fuera poco, brotan figuras políticas que desde el Gobierno intentan debilitar a las Universidades públicas recortando sus presupuestos, concibiéndolas como fábricas de títulos, intentando meter mano en su manejo interno, y en nuestro campo específico, relegando el papel del arte y la cultura a formas de entretención o embellecimiento prescindibles.

Hay épocas en que el arte ha sido convertido en recurso publicitario engañoso, o en mercancía entretenida, o lujo de salón, aunque eso no es culpa del arte sino del papel que la sociedad le asigne. Pero la práctica del arte, su enseñanza, su presencia humanista, se vuelve indispensable en épocas duras y complejas como la actual.

Es maravilloso que hayamos podido acumular tantos logros como los que hoy celebramos. Será maravilloso que en el futuro los hayamos multiplicado, y que tengamos la sabiduría, el coraje y la constancia necesarias para superar las amenazas y conquistar el horizonte que el CIDEA, la UNA y nuestro pueblo se merecen.